El niño que creció demasiado rápido

A veces pienso que todo lo que he vivido ha pasado demasiado rápido. Un pestañeo es lo que vivimos, un tesoro lo que recordamos. Hablo de esa impresión que tengo de cómo el tiempo se evapora. Probablemente esa impresión es más abrumadora porque no recordamos cada día de nuestras vidas, sólo momentos puntuales. Estoy seguro de que no me pasa a mí sólo, y que muchos y muchas os sentiréis igual. Quién no ha dicho alguna vez… ¡Cómo pasa el tiempo!

Al ver la foto del señor que aparece en la ilustración, una foto que saqué hace un año en A Coruña, pensé, en qué estaría pensando este señor en ese momento, sentado solo en un banco. A lo mejor en su pasado. Se recordaba cuando era un niño y jugaba al escondite, o quizá no pudo jugar, tal vez necesitó trabajar por culpa de una guerra. En su primer beso o su primera novia. No lo sé con certeza, podría ser cualquier cosa, pero de lo que sí estoy seguro es que pensó haber crecido demasiado rápido. Por eso lo llamé “El niño que creció demasiado rápido”, porque quizá siga él siendo un niño y seamos nosotros los que lo vemos como un anciano.

El dibujo está hecho totalmente a mano en el Moleskine, con tinta, y el color con lápices de madera. Después lo escaneé y utilicé Photoshop para hacer el fondo y el texto. En este enlace podéis verlo algo más grande. Para acompañar la imagen os dejo una canción que personalmente me gusta mucho y tiene bastante que ver con la idea principal de la ilustración. Enrique Bunbury, “Porque las cosas cambian”. Un saludo y hasta la próxima.

David

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